por Ludmila Perez Sigales

a veces camino y te encuentro en fragmentos de ciudad
en algunas calles, en aviones que rasguñan el cielo
callao y sus cúpulas y las estrellas que eran testigos
del balcón sometido al anonimato y al vacío
cómo podíamos ser felices tapándonos con el cuerpo del otro
la ventana estaba rota y por ahí entraba la vida
dejamos ese piso y habitamos otros
en cada uno te encuentro explorando mis silencios
imprimimos el amor en cada hueco que habitamos
lo exprimimos, consumimos, agotamos
buscamos nuevos suburbios donde entren tu piano y mis libros
dejamos una estela de besos y de susurros dormidos
canciones por la mitad y dibujos sin terminar
cómo puede ser que te siga viendo cada vez que atravieso todo
que un avión surca el cielo
que me subo a la luna
que el frío entra por la ventana


*
amanecemos en camas difusas
dormís conmigo y te sueño respirar
bocanadas profundas de sábanas y desvelos
kilómetros lejos de todo
me despierto y te pregunto
si lo que veo a lo lejos es río
o es la luna dormida tras la cruz del sur
estamos en casa, me decís
estamos en casa, y me besás
el hogar es
donde podamos
sentirnos respirar
el amor nos hizo dioses juguetones
cantamos en barcos que se mecen con la marea del tiempo
en calles descascaradas que persiguen al fantasma de Van Gogh
cazamos estrellas
trazamos huellas
borrachos en Paris y con monedas en los bolsillos
cicatrizamos las mordidas que nuestras bocas nos hicieron la noche anterior
y todos los días son primavera
I read the news today, oh boy
nada es nuevo bajo el sol
pero el mundo brilla y es tuyo
está en tu garganta y en mis dedos
ensuciémonos de colores
pintemos el cielo
que al fin,

todo lo que perdura es el amor
es el reflejo del mundo
en nuestros ojos
*
El alba está lejos aún, yo te siento dormir. La bruma vespertina levita, faltan
todavía algunas horas para que la aurora despunte y nos taladre en el sueño
como un caótico caer de tictases fugaces.
La cama está tibia, tu pelo de cobre se mezcla con el mío. Nuestros cuerpos se
buscan en la semioscuridad y en ese momento los dos sabemos rabiosamente lo
que es la eternidad.
El deseo sonámbulo nos hace pronunciar sonidos profundos, de antaño, susurros
melifluos de eras ancestrales. Tu boca alcanza mi cuello y lo etéreo de ese
instante resume la epifanía de nuestro amanecer, de nuestra larga espera hasta
esa madrugada cuando nos cruzamos y rodamos salvajes por la vereda.
Tenían razón algunos poetas. El talento es una condena. Es más fácil vivir siendo
mediocre, no leyendo la absurda quietud que chorrea por todos lados. Es más
simple rendirse ante las risas de plástico, ante el bursátil devenir de los relojes.
Pero te miro, y es imposible no hacer poesía viviendo con vos, despertando con
vos, ensayando con vos idiomas surreales. Haciéndonos cosquillas, contándonos
las pecas, los silencios. Corriendo por el mapa al verano, venciendo al invierno
con una mirada.
Pasa un rato flotando en los arrabales del rocío, y se sigue evaporando la
madrugada. Suena el despertador y me abrazas más fuerte. Me inhalás, me cobijás adentro tuyo. Yo siento que amanezco a la par del día.

jimo soriano