por florencia valentini

(DES)Memorias

“Y con el tiempo fui capaz de desprenderme de mi piel,

de revelar lo que se escondía debajo de tanto color que me opacaba. 

Ahora aparezco yo más fuerte, más visible. Más yo que vos.” 

 

Para poder llegar a ser las personas que somos hoy en día, es necesario que todos enfrentemos situaciones, momento y cambios que generan quiebres en nuestra personalidad. Poder aceptarnos tal cual somos puede resultar un proceso extenso y dificultoso, que considero que nunca finaliza por completo.

Desde que nos enfrentamos a los grupos sociales estamos continuamente poniendo a prueba nuestra personalidad y nuestra apariencia exterior, esperando que modificándola logremos ser aceptados y tener un lugar de pertenencia en el grupo. Gustos por la música, ropa, películas, comidas son juzgados por los demás pero, más cruelmente por nosotros durante el período de adolescencia por sobre cualquier otro momento de nuestras vidas.  La identidad tiene que ver con nuestra historia de vida, que será influenciada por el concepto de mundo que manejamos y por el concepto de mundo que predomina en la época y lugar en que vivimos. Por lo tanto, hay en este concepto un cruce individuo-grupo-sociedad, por un lado, y de la historia personal con la historia social, por el otro.

Cambios, construcción de personalidad, aceptación, son los pasos que decidí retratar. “(des)Memorias”  en su génesis fue pensada como libro, pero en realidad es un recuerdo, o mejor dicho es un recorrido por recuerdos que quizás el espectador encontrará confusos, pero la obra es un reflejo de mi confusa e intrincada personalidad, es el recorrido de 25 años de recuerdos, memorias que quisiera olvidar y momentos que me marcaron, así como también de lugares que fueron parte fundamental de quien soy.

El proceso de construcción de identidad está atravesado por múltiples factores, etapas y duelos vividos por el sujeto y de cuyo tránsito resultan sus características formales. La integración, el miedo a fracasar por ser nosotros mismos, la apariencia física; son pieles que debemos transitar, que debemos mudar hasta llegar a la aceptación de quienes somos en verdad. La serie comprende tres capítulos o momentos.

El primero, “La máscara”, hace referencia a una etapa de encierro, en la que se suprime la propia identidad, ocultando lo que realmente soy. Este capitulo relata el hecho que me marco durante mucho tiempo, no estar conforme conmigo misma, por enunciados que la sociedad muchas veces lanza al aire libre sin tener precaución alguna de lo que esto puede producir, creó en mi la necesidad de esconderme, de ocultarme, puesto que no era merecedora de mostrarme como era porque como era no estaba bien. La mascara no es una adquisición sino que yo la construí. Me adjudiqué una parte activa de la “extinción” de mi personalidad. La identidad individual como un “sí mismo”. Para esta parte del proceso me inspire en “Faceless” Bogomir Doringer .

El capitulo “La máscara” esta formado por imágenes y además se complementa con un video del proceso de creación de la máscara.  La idea de la realización del video tiene cierta estética y conceptos tomados de la artista Marina Abramović y los trabajos del alemán Joseph Beuys. 

Elegí la venda de yeso porque me permitía ir sector por sector tapando y a su vez recorrer mi rostro como lo vería o sentiría por ultima vez. Además, como mencione anteriormente, los primeros retratos eran de este material y me pareció interesante que el primer capítulo de la obra comience de esta manera.

El segundo capítulo, “Registros” se materializan las etapas transitadas en la construcción de mi identidad. Todos estos cambios de pieles me llevaron a comprender que no interesa quien soy para los demás sino, quien soy yo para mí.  En “Registros” lo que se puede ver es que una vez que construí la mascara que me oculta me puedo volver una más del montón. Frente a este vacío que dejo la censura de la propia personalidad, es necesario salir en búsqueda de una identidad que llene esos huecos, ahí es cuando entra en juego el mecanismo conocido como introyección, es un proceso psicológico por el que se hacen propios rasgos, conductas u otros fragmentos del mundo que nos rodea, especialmente de la personalidad de otros sujetos. La identificación, incorporación e internalización son términos relacionados.  Todos esos “disfraces” que aparecen en “Registro” son eso, son camuflajes para poder pertenecer en el grupo social que en ese momento participaba. Escuchar su música, vestir su ropa, salir a los lugares donde esas personas frecuentaban. Tiene una gran necesidad de quedar bien ya que gracias a ello cree que puede ser más aceptado por los otros.  El resultado de esta dependencia es una debilidad existencial en donde la persona no disfruta de individualidad y libertad dentro de sí misma ni en la relación con el mundo y, cuando se confía a otras personas, grupos o sectas, les responsabiliza por haberse “perdido” entre ellos, en lugar de hacerse responsable de sus acciones. 

En último lugar, la serie finaliza con el capítulo “Una aproximación a mí”,  fotografías que retratan el quiebre de la máscara y una aceptación, o al menos una aproximación a una aceptación de mi misma, mi personalidad, mi identidad y mi cuerpo. El último capítulo es la conclusión a la que pude llegar, aunque es lógico que éste es un proceso que no esta finalizado, si es el primer paso para salir de toda esta etapas de encierro y poder ver la belleza que rodea mi ser y mi cuerpo. La belleza es parte de la historia de la idealización, que a su vez es parte de la historia de la consolación.

Asociar la belleza con la mujer ha puesto a la belleza aún más a la defensiva, moralmente. Se ha tomado a lo largo del paso del tiempo el “ser bella” como una obligación de la mujer, cumpliendo preconceptos y esteriotipos, la mujer (aunque en la actualidad se puede hablar también de los hombres) debe estar impecable, a la moda, siempre joven y predispuesta a sufrir los cambios que sean necesarios para encajar dentro de esos estándares. No es el deseo de ser bella lo que está mal, claro, sino la obligación de serlo—o tratar de serlo. Lo que es aceptado por la mayoría de las mujeres como una idealización halagadora de su sexo es una manera de hacer sentir a las mujeres inferiores a lo que realmente son—o normalmente crecen para ser. Porque el ideal de belleza es administrado como una forma de auto-opresión. Las mujeres son educadas para ver sus cuerpos en partes, y para evaluar cada parte de forma separada. Senos, pies, caderas, cintura, cuello, ojos, cutis, cabello, y así—cada uno es sometido a menudo a un irritable y desesperado escrutinio. Incluso si algunos pasan la prueba, siempre serán encontrados defectuosos. Nada menos que la perfección.  El maquillaje, la ropa, el peinado, las tinturas, los aros, todos los adornos que nos colocamos quizás lo único que hacen es alejarnos de la belleza natural de nosotros mismos. Es por eso que elegí el desnudo como recurso para el ultimo capítulo, “la pose de desnudo no ya como un símbolo de pérdida de libertad, como aquellas primeras fotografías documentalistas, sino como una aceptación, una libertad al punto de poder volver a elegir quien quiero ser”. El cuerpo del artista se utiliza a modo de superficie de inscripción de un lenguaje visual de identificación tanto del real como del proyectado a partir de los estereotipos.

“la Mascara”

 

 

 

             “REGISTROS”

 

 

“una aproximación a mi”

Valeria Martins