por malén denis

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@malendenis

Me gustaría pesar diez kilos menos, que se me marquen (sanamente) los huesos en particular los de los hombros, no tener papada, tener la piel sin marcas, me sacaría incluso los tatuajes, no quiero ninguna cicatriz. 

Mi cara no tiene estructura, es una papa amorfa y blanda a la que me gustaría aplicarle diques de modelo nórdica, una quijada contundente que delinee mis facciones hasta hacerlas encajar en un cuello de bailarina clásica.

Ajustaría los límites de mi cara imaginaria hasta tener esas miradas sutilmente dramáticas, interesantes y perdidas en el vacío, bien de nouvelle vague. Me gustaría tener los labios más gruesos, la nariz más fina, las manos más pequeñas, menos pliegues en las rodillas, las caderas más estrechas y las orejas más bien acaracoladas.

Me gustaría ser más alta, de cabellera espesa, ser dorada, famélica y sana. Me gustaría tener dos ojos gigantes y simétricos porque si hay un problema que tengo es con mi mirada, uno de mis ojos siempre está más triste que el otro y no lo puedo disimular.

En lugar de estos sachets de grasa que tengo por extremidades me gustaría tener brazos estilo palo de beisbol, esos que no se entiende bien de dónde salen pero que son absolutamente rectos, concretos y fibrosos.

Hay un perfil mío que directamente no lo soporto, mi nariz tomada desde la derecha es visiblemente más puntiaguda que al verla desde la izquierda, y si pudiera elegir jamás mostraría ese lado de mí. Viviría en una mueca que me haga decente, aceptable, la mueca imposible de ser indiscutiblemente perfecta.

Una sonrisa Colgate, una piel Avène, un pelo Pantene. Me gustaría entrar en un talle 24 de Ay Not Dead, usar una bikini sin querer llorar y es más, usar una bikini por placer, para mostrar que no tengo nada que temer. Me gustaría no tener estrías por las oscilaciones de peso, por haber hecho dieta desde que recuerdo.

Me gustaría verme al espejo sin que en mi mente se active un bisturí. Y sospecho que para eso, debería directamente resignarme a ser mujer. Porque sospecho, también, que ninguna de nosotras soporta verse sin querer, al menos por un segundo, tener otro cuerpo, ser de otra forma.

Ahora voy a darte un abrazo luego de haber respirado hondo. Desde un lugar remoto, en un tiempo que algún día no va a existir quiero darte una caricia con mis manos grandes, que salen de sachets de grasa, que cuelgan de unos hombros sin estructura ósea visible, aunque sea una caricia conceptual. Estos movimientos están dirigidos por una mente que empieza a liberarse y que quiere hacer lo mismo con vos. Esta mujer fragmentaria que era, comienza a recobrar la entereza de una pieza única, al poder poner en palabras la imposibilidad de ser esa mujer que no existe, esa mujer collage. No es un decir, somos hermosas y estamos juntas.

notasValeria Martins